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Canción de hogar


José Manuel Vacah (Estado de México, 1990)

¿qué haré
con tantos muertos

a dónde iré a sepultarlos

dónde estarán los padres que enterraron a sus padres

dónde los hijos que enterraron a sus hijos

dónde los hermanos que enterraron a sus hermanos

bajo la cercanía de una luna roja y caliente

a dónde iré a buscar
otra luna?

amanecimos con los ojos bañados en piedra pómez

y nos dimos cuenta que el sueño había terminado
–está demás decir que la pesadilla comenzaba– 

aún antes de provocar a los espejos
hallar el nombre y decirlo

por última vez

caminar hacia la casa con adobes

pasé toda una vida imaginando el futuro

de pronto los autobuses se incendiaron
y aparecieron más muertos entre las calles

mi hermano se ha perdido entre las madreselvas y las hojas
que caen de un árbol sin cabeza
mi hermano desapareció una tarde y encontré su sombrero
en la avenida

un charco de sangre junto al sombrero

estampa una luna hecha de presentimi-
                                                            ento

Su naturaleza

Clemente Aurelio Sánchez Rodríguez

Aquellos ojos
que ahora veo
los describo en este momento
porque pueden ser mis días últimos.

Su condición social para los míos
no pasa como algo desapercibido:
clase media alta, eso lo entiendo
por la pequeñez de esos tuyos.

Y también puedo notar
que eres estudiante,
porque así lo hace ver su profundidad.

Pero que esto no te asuste;
has de saber que tu mirar
me da mil motivos para siempre escribirte.

Tus pestañas son delgadas, como nosotros,
y como los que están a nuestro lado;
esto por la pobreza que nos abrazó
en un momento en que anhelamos cambios.

Mas tus pupilas brillantes, esos oscuros tiempos,
a mí, me hacen olvidar, porque son ejemplo
de la pureza que los que tienen dinero
nunca tendrán. Eso es lo que hacen ver tus ojos.

Esos párpados pequeños que suben y bajan
son exactamente
la tranquilidad que ya no se suele experimentar.

Porque si ellos fueran los que representen
a nuestro sector social,
sobrevivirían, por tener fortaleza sin igual.

Su alegría jamás los poderosos
deben olvidar cuando
los vean en un último momento;
pues su naturaleza son ser simplemente bellos.

Mas ¿esto me valdrá volver a mirarlos?,
ahora lo pienso
y triste me pongo
si por buscar una mejor vida tenga que olvidarlos. 

En las noches


Tláloc Correa

En las noches
Navego extraviado
En los mares blancos de tu cama,
A merced de sus mareas
Que naufragan en tu almohada.
En las noches
Te recorro con la mirada.
Te descubro escondida entre mil caricias,
Entre miles de lunas, iluminada.
En las noches
Describo con áspera mano
La delicadeza de tus formas,
Aprendiéndolas en detalle;
Aprehendiéndolas en la memoria.
En las noches
Reclamo ese cuerpo tuyo,
Ese cuerpo ausente.
Anatomía perfecta
Que en sueños me pertenece.
En las noches
Te adivino, exploro y conquisto
Al tiempo mismo
Que en ensueños a la distancia
Tú descubres que existo.

Poema sin título

Miguel Augusto Cocompech 
"Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me la paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar".
Oliverio Girondo 


Para Lady Johanne: Agradezco infinitamente el poder de su corazón por convertirme en transmigración.

Afortunados los versos.
Afortunados de verdad.
Por fortuna la lluvia,
Mis besos te enviará.
Afortunados los versos.
Afortunados de verdad.
Por fortuna el viento,
Mi anhelo esparcirá.
Afortunados mis versos.
Afortunados de verdad.
Ellos surcan los cielos,
Y yo sentado por acá…

Facticium


Napoleón Cruz

La propuesta del manto oscuro se vuelve cierta;
profanas, que entran, palabras por la puerta
como si la oscuridad, con la luz  en reyerta,
mandara: ¡levántate, despierta!

Tu voz de sirena se torna cavernosa
y encerar nadie puede sus oídos;
pérfida las ideas destroza,
mientras convoca a algún caído.

¡Danza, danza, para mí, danza!
Que el interno delirio atrapa,
igual que a la delicada red la mariposa
de oscuras alas y cara monstruosa.
Prevaricas con tus oraciones,
con tus rituales perturbas antiguos;
mas yo, de tu infusión, hago libaciones
para hacer los espíritus exiguos.

Perpetuado el conjuro impío,
no permitimos que alguien huya,
pues del severo castigo el miedo
ha vuelto fútil el denuedo:
tú no serás ya tuya
Ni volveré a ser yo mío.

Antigua oración por tú y yo


Clemente Aurelio Sánchez Rodríguez

Oh gran Santa María,
tú llena eres de gracia,
y a ti te pido
me escuches en este mi delirio.


María madre bendita,
gema única de la vida;
él me enamoró
y yo ante sus brazos me he derretido.


Madre santa,
majestad de los cielos y la esperanza,
un día sin más, él me mostró
la otra cara de su corazón.



Madre de Dios y de la verdad,
sólo tú concedes piedad,
y ese hombre a mí se acercó,
besándome con tanta pasión.


¡Ay devota de la caridad!,
que entre tu rostro hay bondad,
cuando sentí sus labios,
no pude evitar soñar estar más a su lado.


¡Virgen María!,
tú que al mundo abrazas con el alma,
¡Nosotros, dos hombres, nos hemos descubierto!,
y confesaré que fue algo más allá de lo divino.


Madre bendita,
portadora de la vida,
tras esto él me confeso su amor,
y yo quedé perplejo, por esa, su razón.


Progenitora de la gentileza,
con boga bendice esta mi fortuna,
pues por tanto que su cuerpo tuve en sueños,
¡al fin sería mío con que diera el sí definitivo!


Señora nuestra,
flor más pura y bella,
somos dos homosexuales juntos,
porque él dejó a esa chica por estar conmigo.


Bendita dadora de la paz,
que en tu imagen se conserva la humildad,
yo a su cariño me he entregado,
y decirte debo, somos los hombres más felices del mundo.


Inmaculada purgadora de los pecados en el alma,
es tu mano signo de caridad,
y son las manos de mi idolatrado
como dos nubes en las que puedo tomar descanso.


Dulce madre y dueña mía,
que de tus ojos el cielo se ve sin más,
cuando veo su pecho desnudo,
yo casi me siento en el paraíso.


Madre gloriosa divina,
bendita te tiene la vida.
Ahora te cuento:
a cada que nos vemos, yo lo beso sin miedo.


Santa mujer de la cristiandad,
fuiste tú quien perdonó a la egipcíaca;
pero sé que yo no necesito pedirte perdón,
por probar su cuerpo en la intimidad.


Virgen excelsa y mi amada María,
yo a ti te alabo con tanta proeza;
y a él lo adoro con tanto ardor
que entre nuestro cariño, te juro, sólo hay puro amor.

Allí


José Manuel Cardentey Cuesta

Ya me voy, mariposa de crucigrama
Me voy de ti, me despido de tu alma
Voy a perderme en intrincada selva
Me voy y no sé si vuelva.

Allí, en el fondo de un cajón
Te dejo mis madrugadas perdidas,
Te dejo mis insomnios con cafeína,
Y un trozo de mi corazón.

Allí, colgando del cerrojo
Te dejo una tímida protesta
Con  los hilos de esta marioneta
Que tanto moviste a tu antojo.

Allí, en la última gaveta
Envuelto en telar invisible
Te dejo, aunque ahora inservible
Mis aires de poeta.

Allí, en la mesita de noche
Te dejo mis cartas con cursilerías
Si abrieras de tu corazón el broche
De seguro las entenderías.

Allí, perdido en ese reguero
Puede que encuentres un rencor
Y a la rosa, la verás sin florero
Pues allí, guardo el temor.

Allí, en el soporte del televisor
El final de este largometraje,
Más de una vez estuve en su rodaje
Para convertirme en espectador.

Allí, en la cajita de cristal
Están todas mis locuras
Las que como rio bestial
Desaparecían tu ternura.

Allí, sosteniendo las ventanas
Están mis excusas para verte,
De tanto planearlas quedó inerte
Tu imagen en mis sábanas.

Allí, dejé con la lámpara encendida
Mi más pequeña esperanza
De darte un beso de despedida
Con la respectiva cosquilla de mi panza.



Allí, encima del viejo reloj
Te dejo a su novia melancolía
Cuídala, para que un día
Recuerdes a quien te la dejó.

Allí te dejé en el gran espejo,
Mis ojos verdes que tanto quisiste
Como seré ciego en este viaje triste,
Envueltos en lágrimas te los dejo.
 
Allí, debajo del colchón que moldeamos
Están mis confesiones a la almohada
Entre ella y yo quedaban atrapadas
Las cosas que nunca hablamos.

Allí están con mi papel y mi lápiz
Las gracias porque hayas amado
A este esclavo libre pero cansado
Que se ahoga con su cáliz.

Allí, meciéndose en el sillón te dejo
Todos mis esfuerzos por complacerte
Y la ilusión de que tu amor adolescente
Me duraría hasta llegar a viejo.

Allí, descansando en el teléfono estará
El millón de vigilias que te hice
Si quieres saber cuánto te quise
Pregúntale, que te contestará.

Si crees que te dejé demasiado
Siento decirte que te equivocas,
Me llevo el sabor de tu boca
Y las horas que pasé a tu lado.

También me llevo celosamente guardado
Los amaneceres que viví contigo,
Lo que queda de mi corazón mendigo,
Y la dicha de que me hayas amado.
 
También me llevo el dolor más intenso
Que corazón humano haya sentido,
Ni el más fiel incienso
Salva a este ser vencido.

La nostalgia por haber sido tu prioridad
Se va aferrada en mi mente
Mientras que no ser más tu deidad
Me irá consumiendo lentamente.



También me llevo la loca ventura
De haber sido tu amante clandestino,
Aunque mi amor se ataba a la censura
Siempre de modo repentino.

De igual manera me acompaña
Este viejo baúl de los recuerdos
En el eché nuestro primer beso
Al igual que nuestra última campaña.

¿Te acuerdas de Juana y su hermana?
Pues bien, las dos volaron de mi mente
Pero a tu dulce amor inocente
Lo recordaré hasta la última cana.

Allí, en la pared te dejo plasmado
Las frases de amor que me arrancaste
Pero me llevo una que habías grabado
Donde me pedías nunca olvidarte.

Así que adiós, mariposa inocente,
Se despide este servidor aguerrido
Convencido de que aún en el olvido
Te amaré eternamente.

Permanencia involuntaria

José Manuel Vacah (Cd. México, 1990)

Para qué si ya hubo otros que apagaron la luz
de esta habitación
donde los relámpagos comparten su ira mojada en saliva haciendo equis en el aire
como ahuyentando la tormenta que se avecina o
para bautizar con su aliento un no sé qué de amores fugaces como hipócritas
o sólo para
ver a Dios              ─tal vez─
en un vaso de agua mientras rezamos una oración que fue un poema
escrito por alguien cuyo nombre no existe

no voy a encender la luz
estoy esperando que alguien haga un espectáculo con las sombras
para nosotros
pequeños actores de esta escena que nos dejó la costumbre
de amarnos a ciegas
cenar esta vez con las velas apagadas
y esperar…

la luz lo intento no será una excusa que pretenda llevar hasta las últimas consecuencias
prefiero encontrar el destino a oscuras
y llamar al amor con la insistencia de una niña que lleva un vestidito con holanes
y cantar desafinado para que ninguna muchacha se enamore de mí y luego
cantar para que nada sea verdadero y para que nada exista
ni la luz ni las sombras

todos me dicen:
“apaga la luz”
“enciende la luz”

quiero solamente
encontrar mi soledad en otra parte para no mover los muebles
para no hacer más espacio en la casa
para no estar todo el día en esta oscuridad de esta habitación que es como mi cuerpo
aunque después de todo casi no tengo ganas de intentar cosas nuevas
prefiero un teléfono apagado que una golondrina bailando en mi tristeza con tus ojos

y no obstante

todos los días habito una esperanza llena de mujeres amables que me sacan la lengua//

[aquí se apaga la luz]

Te sueño

Tláloc Correa
Te sueño dormida;
Dormida soñando;
Dormida soñando conmigo
Soñándote dormida.
Entregados al sueño profundo,
Infinito e inalienable;
Propiedad de ambos
Propiedad de nadie.
Te sueño soñando conmigo
Al tiempo mismo,
Que en fingida muerte,
Me entrego a la nada
Del amor perdido, del amor  instante,
Del amor contigo,
Soñada
Amante.
Sueño sueños de amores
Nacidos en tus miradas.
Sueño sueños de amores
Que mueren cada mañana.
Renaciendo en tu recuerdo, en mi soledad
De las horas frías.
Frías madrugadas.

Desasosiego

Ana Lucía Navarrete Rosas

Yo veo un  rostro de vos en todo el pinche cielo, un rostro de vos en el agua y en el pasto, un rostro de vos hasta en mis sueños, como le pasa a Benedetti.

Mi soledad tan desolada se ha convertido
en una soledad patética, patética porque
a donde volteo hay rostros de vos, no puedo ver más allá de lo que fue, no puedo dejar de sentir coraje y miedo de encontrarme con un rostro de vos como tú.

Tal vez no es miedo,
tal vez es necesidad,
necesidad de encontrar
un rostro de vos
en alguien más.

Un rostro de vos para no sentirme ajena, para no sentirme extraña,
para no sentir que jamás te fuiste y
volver a sentirme viva.

Tu ausencia me ha dejado vacía,
me ha regresado al ensimismamiento
en el que nací.
Tu ausencia me ha sumido
en una situación de auto encierro
de la que no puedo salir.

Estas constantes apariciones de
rostros de vos vuelven ese ensimismamiento y ese auto encierro en un infierno, un infierno en el que todos los días maldigo la hora en la que te conocí.